Sentado en su mesa de trabajo, rodeado de sus objets trouvés, sus libros, su luz, Antoni Arola nos descubre en esta entrevista cómo aborda el proceso de creación de una lámpara, el camino que sigue para pasar de la idea primigenia a un objeto de iluminación con entidad propia. Habla de su forma de mirar, de su forma de hacer… de cómo hay que mirar para ver lo que no hay. Y de su afán por alcanzar en cada proyecto su objetivo: domesticar la luz, hacerla próxima, encontrar el arquetipo que la convierte en universal y atemporal.
Me dedico al azar. Lo que sé hacer es asociar ideas, crear pequeñas metáforas.
La luz es todo. Sin luz no tendríamos diseño, no tendríamos nada, es la madre del cordero.
La luz es como un animal, una cosa extraña. Hay que saber respetarla, no la puedes forzar. Si la fuerzas, se queja.
Una lámpara es un símbolo. Cuando tocas los arquetipos que son comunes a épocas y culturas, funciona siempre. El trabajo del creador es acercarse a esos arquetipos.
Pantuflar es no querer hacer nada concreto. Estar sin estar. De ahí surgen las ideas.
Lo que hago no lo hago como una profesión, lo hago como una expresión. Hay que poner un poco el resumen de lo que tú eres allí dentro.